La medida responde a una crisis sin precedentes que pone en riesgo la atención médica en todo el país. La emergencia institucional estará vigente hasta junio de 2025, con posibilidad de prórroga.
La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) declaró un estado de emergencia institucional ante la renuncia masiva de 84 médicos especialistas. La situación, que afecta directamente los servicios de salud, se debe a discrepancias salariales relacionadas con el salario global definitivo, lo que ha generado tensiones dentro de la institución.
Impacto en los servicios de salud
La crisis médica ha generado preocupaciones sobre la continuidad de los servicios de atención en hospitales y clínicas. Según Laura Ávila, presidenta ejecutiva de la CCSS, “estamos priorizando al usuario como el centro de todas nuestras decisiones”. Sin embargo, el riesgo de desabastecimiento de especialistas plantea serios desafíos operativos.
La declaratoria, que abarca del 3 de diciembre de 2024 al 3 de junio de 2025, permite a la CCSS tomar medidas extraordinarias para mitigar los efectos de la crisis. Además, la Junta Directiva solicitó al Ministerio de Salud considerar una emergencia nacional, invocando el “Lineamiento Nacional para la Continuidad de la Atención Sanitaria”.
Medidas en marcha
Entre las primeras acciones tomadas por la CCSS, se encuentran:
- Evaluación semanal de las áreas más críticas.
- Activación del Centro de Atención de Emergencias y Desastres (CAED) para diseñar estrategias específicas.
- Coordinación con otras gerencias para garantizar servicios mínimos de calidad.
Además, el próximo jueves 5 de diciembre se presentará un plan detallado con las medidas específicas que se implementarán para mitigar los efectos de la emergencia.

Un problema que necesita solución urgente
La renuncia masiva de médicos especialistas pone en evidencia un problema estructural relacionado con las condiciones laborales dentro de la CCSS. Los especialistas han manifestado descontento con la implementación del salario global definitivo, argumentando que “no compensa adecuadamente la responsabilidad y carga laboral” inherentes a sus funciones.
Por su parte, los asegurados temen que la situación afecte negativamente la calidad y rapidez de los servicios de salud, lo que podría desencadenar un aumento en los tiempos de espera para procedimientos médicos vitales.




