El OIJ reveló que la banda de robacarros “Las Torres”, liderada por un hombre apellidado Cortés, funcionaba como una empresa con horarios definidos y salarios semanales, incluso si los “empleados” no lograban robar un vehículo.
Una estructura criminal con apariencia de empresa
Lo que parecía sacado de una serie de televisión resultó ser la realidad en Costa Rica. El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) desarticuló este martes una organización de robacarros que operaba bajo un modelo muy peculiar: funcionaba casi como si fuera una empresa formal.
El grupo criminal, conocido como Las Torres, estaba encabezado presuntamente por un hombre de apellidos Cortés, quien había diseñado un sistema de pagos semanales, horarios laborales y hasta incentivos por productividad para quienes participaban en el robo de vehículos.
Randall Zúñiga, director del OIJ, confirmó que el líder mantenía a su grupo motivado gracias a un esquema económico bien definido. Lo sorprendente es que incluso si los supuestos delincuentes no lograban robar un vehículo, recibían un pago básico para “asegurar su lealtad” y mantenerlos activos.
Horarios fijos y pagos semanales
De acuerdo con las investigaciones, Cortés estableció un horario de trabajo de miércoles a domingo, lo cual demuestra el nivel de control y organización dentro de la banda.

El pago mínimo era de ¢75.000 semanales, entregado a cada miembro aunque no consiguieran robar nada. Sin embargo, el verdadero negocio estaba en los incentivos:
- Pago base: ¢75.000 semanales si no lograban robar un vehículo.
- Pago por carro robado: entre ¢200.000 y ¢600.000, según el modelo, marca y valor de mercado del vehículo sustraído.
Esta modalidad convirtió a la organización en una especie de “empresa del crimen”, donde cada integrante se veía motivado a producir más robos para aumentar sus ingresos.
Cómo operaba la banda de robacarros
Según el OIJ, el grupo utilizaba principalmente el método del descuido. Esto significaba que se aprovechaban de vehículos estacionados sin vigilancia o con medidas de seguridad débiles.
Los supuestos ladrones recurrían a técnicas como:
- Uso de llaves falsas para abrir los automóviles.
- Fuerza bruta en casos donde el vehículo no podía ser vulnerado fácilmente.
- Vigilancia previa para identificar las mejores oportunidades.
El grupo habría ejecutado al menos 32 robos de carros en distintas zonas del país, pero lo que más llamó la atención fue un episodio durante el 2024: siete vehículos fueron robados en una sola noche, durante las celebraciones de Halloween en barrio Escalante y La California, lugares conocidos por su vida nocturna.
Allanamientos y capturas
La operación policial para desmantelar a la banda incluyó nueve allanamientos simultáneos en Carrillos de Alajuela y otros puntos estratégicos.
Como resultado, fueron detenidas ocho personas, entre ellas el supuesto líder Cortés y su esposa. Sin embargo, las autoridades señalaron que aún faltan integrantes por capturar, pues la estructura estaba compuesta por al menos 14 personas.
En los allanamientos participaron agentes de la Sección Especializada en Robo de Vehículos (SERT) y el OIJ, quienes lograron incautar evidencia clave para el proceso judicial.
El perfil del líder
Las autoridades describen a Cortés como un individuo con gran capacidad de organización y liderazgo. Para los investigadores, la manera en que diseñó un sistema de “empleo criminal” demuestra que buscaba asegurar la disciplina, fidelidad y estabilidad económica de sus cómplices.
Este modelo no solo garantizaba resultados, sino que también impedía que los miembros de la organización se salieran del grupo por falta de ingresos. En otras palabras, el líder replicó prácticas comunes en una empresa legítima, pero con fines delictivos.
Impacto del caso en la seguridad ciudadana
El caso de Las Torres ha generado un debate sobre la evolución del crimen organizado en Costa Rica. Mientras en el pasado las bandas de robacarros operaban de forma improvisada, ahora parecen estructurarse como verdaderas corporaciones ilegales, con división de tareas, horarios y hasta salarios fijos.
Expertos en seguridad señalan que este tipo de estructuras representan un mayor desafío para las autoridades, ya que al operar como empresas, logran mantener una dinámica constante y profesionalizada.
La respuesta del OIJ
El director del OIJ, Randall Zúñiga, afirmó que la desarticulación de esta banda es un golpe importante contra el robo de vehículos en el país, aunque advirtió que todavía hay otras organizaciones que siguen activas.
“Generalmente, al grupo se le daba un estipendio semanal de ¢75.000 si no lograban robar ningún vehículo, pero cuando ya lograban sustraer un automotor, dependiendo del vehículo, se les daba entre ¢200.000 y hasta ¢600.000”, explicó Zúñiga.
La Policía Judicial continuará con la investigación para dar con los demás sospechosos y determinar si existen vínculos con otras estructuras criminales dedicadas al mismo delito.
¿Qué sigue en el proceso judicial?
El caso ya fue remitido a la Fiscalía, donde los detenidos enfrentarán cargos por robo agravado, crimen organizado y otros delitos asociados.
La expectativa ahora es conocer si la Fiscalía pedirá medidas cautelares fuertes contra los detenidos, considerando la magnitud del caso y la forma en que estaba estructurada la banda.
Una lección sobre la evolución del crimen organizado
Este caso no solo expone la gravedad del robo de vehículos en Costa Rica, sino que también demuestra cómo el crimen organizado puede imitar prácticas de la vida laboral común para fortalecerse.
La pregunta que surge es clara: ¿cómo evitar que estas bandas sigan evolucionando hacia modelos cada vez más sofisticados y difíciles de desmantelar?
Lo cierto es que, mientras tanto, las autoridades han logrado un paso clave con la captura de Cortés y varios de sus cómplices, aunque el trabajo todavía no ha terminado.
