El presidente panameño José Raúl Mulino aseguró que, por ahora, no habrá venta de energía a Costa Rica, luego de las declaraciones de Laura Fernández sobre el conflicto comercial entre ambos países.
La relación entre Costa Rica y Panamá volvió a tensarse luego de que el presidente panameño José Raúl Mulino anunciara que, por ahora, su país no venderá energía a territorio costarricense. La decisión se da en medio de un conflicto comercial que desde hace varios años mantiene enfrentados a ambos países por el ingreso de productos agropecuarios costarricenses al mercado panameño.
El mandatario panameño aseguró este jueves 21 de mayo de 2026 que Panamá estaba evaluando una solicitud relacionada con el acceso a energía panameña para Costa Rica, pero dejó claro que, tras las recientes declaraciones de la presidenta Laura Fernández, el proceso queda frenado por el momento.
Mulino: “Por lo pronto no hay venta de energía”
Durante su conferencia semanal, Mulino fue directo al referirse al tema energético y al malestar generado por las declaraciones del Gobierno costarricense.
El presidente panameño afirmó que conocía la solicitud para que Costa Rica pudiera acceder a mayor energía proveniente de Panamá, pero señaló que esa petición estaba siendo evaluada por su administración. Sin embargo, agregó que “por lo pronto no hay venta de energía a Costa Rica”.
La frase elevó el tono de la tensión bilateral, ya que el tema energético se suma ahora a una disputa comercial que involucra productos como lácteos, carnes, embutidos, frutas, piña, banano, plátano y otros bienes agropecuarios.
¿Por qué se molestó Panamá?
El malestar surgió luego de que la presidenta Laura Fernández pidiera públicamente a su canciller, Manuel Tovar, iniciar acciones internacionales contra Panamá por las restricciones que ese país mantiene sobre productos costarricenses.
Fernández, quien asumió la Presidencia el pasado 8 de mayo, ha señalado que su Gobierno no va a consentir desequilibrios en la comercialización y exportación de productos nacionales, y que resolver este conflicto es una prioridad para Costa Rica.
Mulino reaccionó con molestia y dijo que las relaciones internacionales deben manejarse con prudencia, discreción, moderación y respeto. Según el mandatario panameño, este tipo de diferencias no deben tratarse desde una conferencia de prensa, una tarima o un “púlpito”, sino mediante canales diplomáticos.
El conflicto comercial viene desde hace años
La disputa entre Costa Rica y Panamá no es nueva. El conflicto se arrastra desde hace varios años y se intensificó entre 2019 y 2020, cuando Panamá comenzó a bloquear el ingreso de varios productos agropecuarios costarricenses bajo argumentos sanitarios.
Entre los productos afectados se encuentran lácteos, carne de res, carne de pollo, carne de cerdo, fresas, piña, banano, plátano y otros bienes del sector agropecuario. Esta situación ha generado preocupación entre productores, exportadores y autoridades costarricenses, debido al impacto económico que representa la pérdida o limitación de acceso a un mercado vecino.
Costa Rica ganó en la OMC, pero el caso sigue abierto
El caso llegó hasta la Organización Mundial del Comercio. Costa Rica presentó la denuncia en 2021 y, a finales de 2024, un grupo arbitral falló a favor del país, al determinar que las restricciones impuestas por Panamá no tenían suficiente fundamento jurídico o científico.
Sin embargo, el conflicto no terminó ahí. Panamá apeló la decisión en enero de 2025, lo que mantiene el caso sin una resolución definitiva. El Ministerio de Comercio Exterior de Costa Rica informó en su momento que la apelación panameña se presentó contra una decisión que daba la razón a Costa Rica y que señalaba violaciones a obligaciones comerciales multilaterales.
Para Costa Rica, la situación mantiene en incertidumbre a sectores productivos que dependen del comercio regional. Para Panamá, en cambio, el tema también forma parte de una discusión sobre reciprocidad y defensa de sus propios intereses comerciales.
Panamá habla de reciprocidad
Mulino también acusó a Costa Rica de haber bloqueado por años a empresas panameñas y afirmó que su Gobierno aplicará el principio de reciprocidad en aquellos temas que afecten directamente la relación bilateral.
El mandatario insistió en que su deber es proteger a los panameños, mientras que el Gobierno costarricense sostiene que su prioridad es defender a los productores nacionales y garantizar condiciones justas de comercio.
Esta nueva tensión ocurre apenas días después de la toma de posesión de Laura Fernández, lo que convierte el conflicto con Panamá en uno de los primeros desafíos internacionales importantes de su administración.
Energía, comercio y diplomacia: una tensión que puede escalar
La decisión de Panamá de frenar la venta de energía a Costa Rica agrega un nuevo elemento a la discusión. Ya no se trata únicamente del ingreso de productos agropecuarios, sino también de un posible impacto en materia energética y cooperación regional.
Costa Rica y Panamá son países vecinos con fuertes vínculos comerciales, turísticos, diplomáticos y familiares. Por eso, cualquier tensión entre ambos gobiernos puede tener repercusiones más allá de los discursos políticos.
El punto clave ahora será si ambos países logran retomar el diálogo diplomático o si la disputa escala hacia nuevas medidas de presión. Mientras tanto, los productores costarricenses siguen esperando una salida al conflicto comercial y el Gobierno panameño deja claro que no tomará decisiones energéticas sin considerar el tono de la relación bilateral.
Una relación vecina bajo presión
Aunque Mulino afirmó que Costa Rica y Panamá son países vecinos y amigos, sus declaraciones muestran que la relación pasa por un momento delicado. El Gobierno panameño pide prudencia y manejo discreto de la política exterior, mientras que Costa Rica insiste en que debe defender sus exportaciones y exigir el cumplimiento de las reglas comerciales internacionales.
Por ahora, el mensaje desde Panamá fue claro: la venta de energía a Costa Rica queda frenada, al menos mientras continúe la tensión política y comercial entre ambos gobiernos.
El desenlace de este conflicto será clave para los sectores productivos, las relaciones diplomáticas y la cooperación regional entre dos países que históricamente han estado llamados a trabajar juntos.




